Las Amenazas

TiTo ARRÚA

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Enigma de verano

En verano se exponen a la vista
ocultas como estaban
confinadas al túnel cuando el frío;
el túnel que obligó a la fila india
innecesaria ya sobre lo vasto
del superficial mundo:
la comida del gato,
los enseres sucios de la cena.

 
 

Hormigas

El frío las oculta, y el verano
las saca a nuestra vista, secuenciales
cuentas que, coloradas o morenas,
a la fila habituadas -galería
programada en genéticas antenas-,
sucumben al avance en eslabones
y viven el espacio de la misma
forma que el tiempo a los humanos corre.
Con su trozo de hoja va la negra,
o, carnívora y roja, desmantela
al Goliat que aunque oponga su carcaza
quitinosa a sus tenazas de David
-cruel mantis o langosta devenida
tentempié de la implacable multitud-
a la trófica ley le cede todo.
Con mesmérico asco, con la punta
de un bastón de Malaca removida,
esa muerta y cortada mano muerta
por Salvador y Luis imaginada
ebulle de su especie, y en su muerte
deviene para siempre en el emblema
del ser de voluntad subordinada
al Deseo, animado por ajeno
impulso, que dispersa su potencia.
Habitantes de un mundo decidido
a trazarles destino de engranaje,
su Forma las privó de individuales
atributos, haciendo reemplazable
sus vidas, su gestáltica tarea.
Y esto viendo: ¿no es poca diferencia
y tan sólo cuestiones de la escala
aquello que según ciertos sofistas
de esas mínimas bestias nos distingue?

 
 

Algunas de mis razones para madrugar

Descubre el ojo el párpado dormido
-La noche todavía con su oscuro
Telón cubre la tierra- por el duro
Repique del reloj. Con un vagido,

Cual feto que de un pujo es despedido
Al mundo con un solo don seguro,
La muerte, me levanto y aseguro
Que el astro ya me halle amanecido.

Que cortas son las horas de la vida
Y humana la misión de dar sentido
Al cósmico y absurdo melodrama;

Y que si no trabajo no hay comida,
Que el tiempo de los sueños se ha perdido,
Que no hay abrazos dentro de mi cama.

 
 

Aura

La brisa arrancó la imperceptible
cubierta de la piel
brillosa y líquida
-tanto da si lo móvil era el aire
o rugían caballos metálicos
incendiando carboníferos octanos-.
La expuesta terminal de la dendrita,
múltiple en su afán ramificado,
amenaza con salirse de la escala:
rémora de Condillac
más sensible aún que su escultura,
a golpe de hechos percibidos
lo hará, seguro que lo hará.

El pulso, despellejado,
se desplaza a la velocidad de una carreta
desde las cordiales estancias en el pecho
hasta las periféricas opciones del cuerpo;
potenciadas cascadas electrónicas
que, al final, terminan siendo todo.
Las preguntas en cuestión son formuladas:
¿dónde están el final del aura
y el principio de la incertidumbre?
y ¿acaso el engranaje
movilizado, jacobinizado,
sueña con liberarse del reloj?


TiTo Arrúa:  Además de ser técnico químico estudió letras y fundó la editorial independiente No Hay Vergüenza Ediciones, que actualmente codirige con Anahí Ferreyra. Publicó el minilibro Métrica – Sonetos y otras formalidades (2007), y algunos textos desparramados por publicaciones barriales y universitarias.  nohayverguenza@hotmail.com

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Written by Las Amenazas

julio 19, 2011 a 4:01 pm

Publicado en Uncategorized

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