Las Amenazas

LEANDRO GABILONDO

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PUENTE SAAVEDRA

El purgatorio barato de las despedidas,
ahí donde mueren los tibios, las frígidas y los grises,
se te mueve el asfalto, Mi Vida, oscila fálicamente,
con ese ruido a mundo que no descansa,
y te hace bajar las escaleras,
para meterte en la habitación de un montón de gente,
que bien sabe del ruido,
que lo escucha con auriculares,
tirados en su colchón infame,
viéndote bajar, contando las monedas,
que no son para ellos, ni para nadie.

Mi Puente Saavedra, Oh! Querido Puente Saavedra,
puerto de mis fracasos, nudo de asfalto,
cabaret de la incertidumbre, piropo triste,
vaya un verso para los que te cruzan por inercia,
los que viven del otro lado,
María y Bubon,
hijos de la noche, cadetes pillos de la oficina de mi alma,
socios del surmenage, gula de las palabras,
nos perdemos en el Polaco, en la garganta podrida,
el puño apretado, pura sangre, puro humo,
infancia ochentosa que hoy te escucha,
con lágrimas que nadie ve, sólo el silencio,
que rueda sobre el tango de tus caricias.

Tu Puente Saavedra, Oh! Temible Puente Saavedra,
corazonada sonsa, ecuador de las eses,
tus camisetas de Platense que se van con el horizonte,
que aparecen y desaparecen donde se mueren las esquinas,
me verás dormido, bajando de un semi-cama nauseabundo,
aliento de viaje, odiando al bigotudo,
al bigotudo soberbio que grita ¡Saavedraaa!
ese bigotudo panzón y mal parido,
que te corta el sueño, que nunca me deja terminar de desnudarte,
porque tengo que bajarme a fallecer,
a ir muriendo hasta la parada del 68,
que se apiada de mí, y se hace cargo de mis huesos, para siempre,
que es precisamente lo que tardo hasta mi cama.

Nuestro Puente Saavedra, Oh! Impertérrito Puente Saavedra,
vaticano de mis papas, off side de los ansiosos,
cuadrilátero de cadáveres on line,
calesita de los excesos, intemperie de los grasas,
aduana peronista, precipicio popular,
visagra de las urnas, yacuzzi del Sindicato,
bájame por tus escaleras, llévame a tu Olimpo,
al sacrificio de la Canción, a un orgasmo profano,
en Rivadavia y Treinta y Tres Orientales,
donde quieras, pero arráncame la pena, sin piedad,
aunque sea tarde,
sabré recuperar las horas perdidas,
asumiendo la soledad y la histeria del tiempo,
porque si hay algo que me deja en paz,
es saber que entregué mi vida por tus ojos,
di la cara por tus piernas,
y creí en la democracia de tus pechos,
la insoportable verborragia del corazón,
que ha creído en el carisma de tus tetas,
como todo iluso,
reprimido por tu sonrisa,
en la plaza hostil de tu lengua.

 

ODA AL 160

Esperarte.
Nunca vi nada tan parecido al arte.
Un atributo especial de los empedernidos.
Irrespetuoso.
Irresponsable.
Solsticio profundo cuando tu trompa se asoma,
rojo en Boedo,
colorado en Cerviño,
sos un gordo bueno,
una asociación ilícita de tiempo muerto.

Qué manera de cruzar Rivadavia,
sos la ambulancia lenta del Hospital Italiano,
la caricia pública del Sur,
un flequillo perfecto con la suplente de Lanús.

Qué manera de cruzar Corrientes,
tantas veces quise tirar una granada en tu terminal,
trompadas a la pared ante tu ausencia impoluta,
doblás en Venezuela con la paciencia de los soberbios,
y caigo siempre en el mismo morbo,
en la utopía diaria de la Onda Verde.

Qué manera de cruzar Santa Fe,
suben las pendejas del interior
que van hasta Ciudad Universitaria,
maquetas, histeria y All Stars,
que hermoso,
ya saben que vuelven a dormir la siesta,
que luego toman la merienda y están al chat,
y que al otro día,
bajo el sol estético de Palermo,
te esperan nuevamente en esa misma esquina.

Por favor,
qué manera de cruzar San Juan,
corazón de ciclope,
si todo fuese tan fácil,
si todo terminara en lo irrisorio de tu llegada,
si las veces que te fuiste me hubieses dado explicaciones.

Ambos lo sabemos:
hasta que el amor nos separe serás impredecible.

 

ESTRÉS

No tenemos tiempo
ni para juntarnos a ver un eclipse,
ojalá me agarre un ataque de pánico
así mañana falto al laburo,
el New York Times lo escribe Stress,
s, t, r, e, doble s,
el Diario Crónica lo escribe Estrés,
e, s, t, r,
acento en la é y s,
es lo mismo,
los síntomas se multiplican
como las liendres en primer grado.

Tienen colgada la tesis,
se mienten,
se confunden,
y ahí tenés,
se estresan;
agarrate:
parálisis facial,
fotofobia,
toda la bola,
cagaso generalizado,
pinta el ACV y comprás
un afinador para el arpa,
miedo, todos tenemos miedo,
viste que no importa la edad,
te tenés que relajar,
te toca y te toca,
no hay tu tía,
a la lona, olvidate,
te tiran la toalla, la bata,
hasta el desodorante,
toquen la campana,
chocolate por toda la jeta,
toquen la campana loco,
basta, o sea,
que alguien me salve,
que termine,
que hable Osvaldo Principi,
y rajemos de este Luna Park.

Estrés,
caricias, llamados, silencios,
campeonatos estresantes,
“Pagando en efectivo,
2 x 1 de Rivotril”
esta farmacia se pone,
¿venís seguido?
¿qué onda tus amigas?,
podemos hacer una previa en casa,
¡apurate!,
te piden por favor,
te dicen gracias,
pero siempre te tenés que apurar,
viene el pibe de la moto
y te dice que es Urgente,
que eso le dijeron,
entonces se arma un dominó podrido de Urgentes,
y bueno,
la mina de cuentas colapsa,
el diseñador golpea la Mac,
la recepcionista llora,
el cliente toma café y recibe un mail
con asunto “Urgente”,
es el hijo de puta de su jefe,
que a su vez,
otro hijo de puta apurado,
de mayor jerarquía en hijaputez,
le dice que lo solucione,
no importa como,
para eso estás,
y otra vez,
todos se estresan,
hasta los hijos de puta,
es terrible,
anda el psiquiatra si querés salir campeón,
enfermos,
no le pongan tanta sal,
pinta la presión alta,
todos enfermos
y la ciudad prendida fuego,
Rapipago es Lentipago,
colas interminables,
bufando,
odiando,
“Muere cajero apuñalado
por ama de casa impaciente”,
es que la gente se saca,
hay un banco genético
de adrenalina descartable,
de ansiedad impertérrita,
de miseria temporal,
¡te dije que es Urgente!,
como una locura mañana a primera,
pero lo necesito ya.

Apurados,
nerviosos,
“bajá un cambio” dice el cadete
con una remera de Bridge to Babylon,
pero igual se apura,
más vale,
sino lo rajan,
“Amplia disponibilidad horaria
y saber trabajar por objetivos”,
es decir,
organicemos la paranoia,
seamos prácticos,
los novios se dicen que se aman,
y claro, se estresan ,
porque amar también es un estrés,
se desvisten apurados,
se lamen, se rompen los botones
y hacen el estrés,
son precoces o frígidos,
y no se dicen nada,
de eso no se habla,
todos estresados,
no les viene porque están estresadas,
y procrean estrés,
es hora de formar una familia,
recibite y nos vamos a vivir juntos,
que lindo, mirá esos ojitos,
tiene el estrés del padre,
cuando sea grande se va a tatuar
la palabra Urgente en el brazo,
lo lleva en la sangre,
lo lleva en el tiempo.

 

ME QUEMA LA CABEZA PENSAR QUE TE VAS A IR A VIVIR A FRANCIA

Entonces te imagino caminando por el Boulevard Sébastopol
de la mano de uno de esos,
los nuevos pensadores argentinos,
un puaner ortodoxo,
un snob, un ortiva,
esos que en las reuniones no nombran Cortázar
porque es un lugar común,
esos que siguen eternamente merodeando los pasillos de Puan,
saco negro, morral de cuero,
porque saben que las pibitas de primer año
andan por el patio hablando de Estructuralismo,
buscando que Fogwill vuelva y las enamore para siempre,
tengo ratitos que me desesperan,
y me quema la cabeza pensar que te vas a ir a vivir a Francia,
porque además siempre te veo con un tipo así,
parece apropósito,
pienso que se van a cruzar con Zidane en un restaurant
y este pelafustán que te abraza no lo va a reconocer,
esos tipos son así,
Zidane es un poema,
su ídolo es Francescoli,
que es uruguayo como la Maga,
pero vos no sos la Maga ni Ludlud,
y ninguno de los amigos de tu Oliveira será Gregorovius,
nunca,
pero vas a conocer París sin mí,
se me cae una lágrima cuando lo pienso,
te imagino comparando París con el bajo Belgrano,
diciendo sonriente que te recuerda a las calles
que rodean la cancha de Excursio,
o Barrancas,
donde frena el 15,
donde está pintado el mural de Toni “El Gordo”
con un chumbo en la cintura,
te veo hacerte la feliz,
cualquiera,
este poema iba a tener cuatro versos,
me levanto en el medio de la noche porque no aguanto,
tengo frío,
me pongo el buzo de entrenamiento de River,
el de la temporada anterior,
y que River juegue en la B ya no es más una metáfora,
y París tampoco,
es un lugar de mierda que vas a conocer sin mí,
los sábados vas a tirar piedras en el Senna,
vas a hacer patito,
y acá,
si entran los visitantes,
a mí me van tirar piedras los pibes de Merlo,
pero no creo que eso pase,
aunque acá nunca se sabe,
no es como en París,
que andan sin buscarte pero sabiendo que te van a encontrar,
no,
acá no,
la línea D va llena y olvídate,
ya sabemos que perdemos,
y me quema la cabeza pensar que te vas a vivir a Francia,
me saco el buzo,
el pantalón,
las medias,
dejo una en cada zapatilla,
apago la luz,
toda dormida,
el pelo sobre la cara,
te abrazo,
murmurás,
y en la oscuridad de la habitación
veo la fosforescencia de un matapolillas,
redonda,
con el perímetro desprolijo,
como lo que veo cuando cierro bien fuerte los ojos,
como la luz de la bengala que ilumina mar adentro tu noche.

 

ODA A MICROSOFT WORD

Te vi vacío,
lleno de atrocidades,
de miedos,
de oraciones unimembres
que nunca nadie podrá leer.

Te vi cansado,
centrado,
justificado,
alineado a cada uno de tus costados.

Te vi abrirte lento,
preguntarme si deseo guardar
mi histeria sintáctica,
repreguntarme si estoy seguro,
ponerle límites a la existencia.

Te vi inmortal,
lúgubre,
triste,
aburrido,
consciente de ser el único,
de vacaciones en el escritorio,
acariciando el wordart,
esa mascota menemista
que decora tu estatus.

Te vi viejo,
solo en un asilo,
abandonado,
incompatible,
con tu lomo blanco lleno de marcas rojas,
torturado por la RAE,
esa sarta de sicarios del verso.

Te vi en todas tus versiones,
metiendo un pase entrecortado
para que la impresora defina.

Te vi llorando,
sangrando,
craneando mails olvidables,
echar de menos un millón de notas al pie.

Te vi celoso,
tímido,
ansioso,
haciendo scroll desesperado,
la forma más absurda del consuelo.

Te vi en el sueño de la siesta,
en la cárcel,
con la elegancia de la cursiva,
con las tetas paradas de la negrita.

Te vi,
desde que tengo uso de la razón que me toca,
dentro de mi vida,
cerca del aire.

Te vi,
fuerza enferma,
paladar del alma.

Te vi,
y me hago cargo.

 

LA LIBERTAD

La Libertad es un pedazo de viento,
un consuelo que viene,
un enero entre las sábanas,
un sueño lícito, profundo.
No sólo se trata de canciones,
ni de fotos de esclavos que sonríen,
es el patio de la casa de mi abuela,
la paciencia de una caricia,
la precisión de un infarto.

La Libertad es todo lo que nos falta,
el dolor que nos exige,
una pava hirviendo en tus inviernos,
una tristeza que sirve.
Es el ajedrez de un preso político,
su barba, su tolerancia.
Es jugar a la payana,
la siesta, los mártires del ocio.

La libertad es un circunstancial de modo,
nos parece grande
como todo lo que nos mata,
es una suerte de paz,
de sosiego abrupto,
es la Patria del mundo,
la forma más difícil
de ser felices.

Libertad de Paraguay,
Libertad de Sunchales,
Libertad y Lavalle,
todo termina en los ombligos
de la liberación,
todo renace en el tumulto de besos
que nos alcanza.

La libertad es la madre de las demagogias,
el ícono nefasto de los imperios,
la omnipotencia de la estatua,
la excusa perpetua de la muerte.
A veces coinciden los años entre tus noches,
y uno no sabe de quién es la memoria,
de donde vienen los trenes
o en que silencio quedó el olor a tanta sangre.

La Libertad es el afán de una gambeta,
curarte la culebrilla con tinta china.
No es más ni menos que la intimidad del tiempo,
los detalles del sexo,
la posibilidad de inventarte,
o por lo menos,
saber que no vas a volver nunca,
básicamente, porque sos libre.

 

LA ESPERANZA

Izando la bandera del martirio
se nos va a romper el joystick del progreso,
nos vamos a volver marginales
hasta perder la noción de la distancia.

Esta vez,
ojitos de Almendra,
no creo que metas
una foto del Marqués de Sade
dentro de tu voto;
esta vez no,
ahora la patria también se parece
a nuestras siestas con el ventilador al taco.

 

 

Leandro Gabilondo nació en Arrecifes (Pcia. de Buenos aires) el 28 de julio de 1985. Actualmente vive en Buenos Aires, más precisamente en el barrio de Boedo. Es estudiante de la carrera de Letras en UBA y desde 2004 es cantante y cancionero la banda de rock Soldaditos. Se gana la vida como redactor y es un recurrente colaborador de Miradas al Sur. Fue uno de los fundadores del ciclo poético Espantapájaros y se lo puede leer en su blog de poesía http://www.telojuroportuhamster.blogspot.com y en las esporádicas apariciones de la Revista Digital http://www.elcaosquetpario.com.ar . El ocaso del caos (Espiral Calipso, 2009) fue su primer libro.

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Written by Las Amenazas

agosto 18, 2011 a 7:38 pm

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